Este año no sólo hemos oído hablar de palabras de honor y cortes sirena (que también), sino que el esmoquin y los toques de color de los más atrevidos han estado también llenando revistas y blogs de estilo.
La 86ª Gala de los Oscar nos ha dejado comprobar quién es ya un experto en esto de acudir hecho un pincel y quién, a pesar de la experiencia, sigue dando palos de ciego dejando lugar a una improvisación que rara vez es acertada.
Acertado e impecable,uno de los actores de moda, Bradley Cooper, se ciñó a la más estricta etiqueta y esa prudencia le otorgó el título de uno de los hombres mejor vestidos de esta gala de 2014.
Jason Sudeikis, con esmoquin de Prada en azul, a pesar de no ir de negro consiguió ser también muy aplaudido. Chris Hemsworth, que tampoco quiso el negro y optó por tonos morados y burdeos, dio también una lección de estilo a pesar de ser de los más jóvenes.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención de esta edición ha sido la obsesión que ha habido por ir con esmoquin slim fit, cosa que no ha impedido que algunos vayan realmente elegantes pero que sí que se han excedido en la estrechez de las prendas, sobre todo de los pantalones.
Podéis ver aquí a Ethan Hawke ó a Tyson Beckford donde el tiro del pantalón llega al límite. (Getty Images). Ridículo Kellan Lutz, que parece que pidió un esmoquin que le quedara ceñido en plan ropa del gym.
Excepciones hubo, por supuesto. Siempre están los que le dan una patada al estilo escrito y deciden imponer el suyo, a ver qué pasa. Y pasa pues eso, que son fotos que quedan para la posteridad y el arrepentimiento ya no tiene cabida en la memoria de la red carpet.
Matthew McConaughey parecía un camarero,Michael Straham creo que se confundió de fiesta y Pharrell Williams se fue sin Oscar y con un premio: el peor de la noche.
¡Hasta la próxima!











